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Opinión

El tequila es nuestro

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A decir verdad

Por Rubén Iñiguez

Severos atentados de adulteración, de productos que alegan en su etiqueta contener tequila, han resultado serias alteraciones que dañan el prestigio de la bebida de origen mexicana y actualmente una trasnacional de la cerveza, pretende dañar nuestra bebida nacional.

El intento de la cerveza Heineken, de lanzar una bebida mezclada con tequila, la cual contenía todo excepto tequila, claro la mercadotécnica lo presenta como cerveza combinada con tequila, pero la realidad es que no tiene una gota del extracto del agave weber azul tequilana.

Cada día se llega a tener un registro mayoritario de firmas de productos de tequila, que rebasan en México las 900 marcas. Pero muchos de los supuestos tequilas que carecen del sello del Consejo Regulador del Tequila, pueden ser apócrifos. Por eso cuando no se encuentran en la etiqueta estas siglas, CRT, puede presumirse que es un producto de origen oscuro, opaco, y puede incluso ser peligroso y potencialmente tóxico.

La venta y exportación de la bebida nacional proporciona un ingreso global y constituye un aporte importante de recursos para el fisco mexicano, así como para la generación de empleos. El cultivo del agave, compromete en la empresa a millares de campesinos, todo para que se proteja el concepto de “denominación de origen”.

Francia ha puesto el ejemplo cuando se trata de champagne o coñac, España para evitar polémicas registró su caldo como brandy, incluso los hay tan selectos como el más fino coñac, sin embargo, tuvieron el cuidado de respetar la “denominación de origen”.

El tequila se origina verdaderamente en el municipio de Jalisco que lleva el mismo nombre, aunque hay estudiosos que advierten que se origina en el valle de El Arenal, o incluso la vecina Amatitán. Claro, los cultivos de agave, llegaron a los Altos de Jalisco, y se produjo un tequila de calidad similar, que respeta en concepto de denominación de origen, porque las plantas que utilizan son las mismas, el procedimiento es similar. Así desde la Laja, Tepatitlán, Tototlán, Arandas y Atotonilco El Alto, el mero corazón de los Altos, tienen la capacidad de producir tequilas reconocidos.

Nuestra bebida nacional, en las grandes marcas incluso concursa en Bolsas de Valores, con títulos muy codiciados por ejemplo de Cuervo, o de Souza, que heredó el nombre a empresarios de Japón, por ejemplo.

Muchas de las tequileras clásicas como Herradura, han pasado a manos de inversionistas extranjeros, que sin alterar el procedimiento de fermentación y destilación producen el tequila blanco, madre de todos los tequilas, que pasan a las versiones reposadas, añejas, por el tiempo en que se conservan en barriles de maderas importadas hasta alcanzar el grado de reposo o añejamiento y vaya que la madera es absorbente. Por lo que, para un litro de añejo, pueden quedar en el barril, 4 litros del tequila como merma, para alcanzar la madurez.
Incluso un tequila tan interesante como Hornitos Black Barrel, por reposar en barricas que contuvieron whisky llegan a tener un toque de sabores que recuerdan al “agua viva” el Whisky, pero es tequila puro, sin alteraciones de ninguna especie. Para eso existe el Consejo Regulador, que esporádicamente logra alejar del mercado nacional marcas espurias.

Actualmente la situación ha sido llevada hasta consultar a AMLO en la mañanera por la falsificación que pretende hacer Heineken. Su respuesta fue: “Pregúntele a Graciela Márquez, de Economía” pero más pinta el asunto para el Súper Canciller Marcelo Ebrard, que, si fue capaz de regresar al general Cienfuegos, no creo que le sea difícil defender nuestro líquido reconfortante.

Este mismo asunto, ha sido para Francia, capaz de llevar a declaraciones de guerra, sanciones económicas, ruptura de relaciones a países que osaron no respetar su denominación de origen en que nacieron las bebidas que el mundo identifica. Así de serio es el asunto.
A decir verdad, en la primera parte expusimos el crecimiento de la exportación del tequila, la bebida nacional, que, entre alternancias de modas, ocupa un lugar cercano al gusto mexicano. Lo cierto es que el tequila luego de ciclo áureo del cine mexicano, volvió a ser favorito de todos los mexicanos.

Sus implicaciones económicas, patrimoniales, jurídicas, su agro, su industria, su comercialización y distribución son un formidable generador de empleos, adicionalmente a su deliciosa condición de “aperitivo” nacional. Incluso se han desarrollado nuevas versiones, igualmente vigiladas de mezcales, de bebidas artesanales como el caso de la raicilla, que ya encuentran un sitio en las barras mexicanas.

No esperemos mucho de la agenda del presidente, AMLO, aunque por nacionalismo y soberanía, podría encontrar motivos para defender la bebida de Jalisco.

El Tequila es nuestro, y grandes autores como Carlos Monsiváis, como el colombiano Álvaro Mutis, en sus asistencias a ediciones pasadas de la FIL, aprovecharon para dar a conocer serios ensayos sobre la trascendencia de la bebida nacional. Dicen que Emiliano Zapata, que odiaba a Heineken, sin saberlo, dijo: “Tequila para mis hombres, cerveza para mis caballos”.

Sin embargo, no vamos a pelearnos con nuestros paisanos sinaloenses, nayaritas y sonorenses “cheleros”.

La cerveza mexicana ha conquistado un lugar por consagrar cualidades de pureza, integridad de su grano original, y la aplicación fiel de los procedimientos que la hacen Pilsen o Bock. Pero eso es otro tema, igual de importante. Pero reflejan la calidad que también alcanzó el tequila mexicano.

El riesgo en el momento es para el Tequila, y los jaliscienses debemos encabezar a los mexicanos en proteger un tesoro, la bebida nacional, con denominación de origen. El Tequila, bendito producto cuando se produce con honor, con fidelidad en cuanto a la calidad y procedimiento necesario, porque exportamos al exterior nuestro prestigio.

Supongamos que China se le ocurra producir en Wuhan, un producto similar y lo quiera llamar Tequila. Intolerable, Inadmisible, Imperdonable, para eso existe el derecho y el Consejo Regulador. Que el COVID se los lleve si se atreven. Este caso debería preocupar a nuestras más altas autoridades, no es un asunto de los empresarios tequileros, el afectado es México.

Este no es un asunto menor, ¡en tanto, salud!, pero con Tequila genuino, y su sabor único, con sabor a México.

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Lo que hemos perdido.

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Por: Felipe González Hernández.

El hombre tiene diversas fortalezas y costumbres que nos distinguen a unos de otros. Hay quienes son más fuertes o más inteligentes, cada quien desarrolla distintas capacidades. Pero muchas de ellas las heredamos de nuestros padres y no me refiero a la estatura física o al color de tus ojos, si no a aquellas virtudes que ordenan nuestra conducta e incluso nuestros pensamientos de acuerdo a una determinada forma de obrar.

El que es honesto por ejemplo, jamás tomará algo que no sea suyo, por mas sencillo que parezca, aunque tuviera la certeza de que nadie jamás se enterará que el tomó aquello. A ese sentido de rectitud me refiero.

Sobre esto podemos decir que hay muchas virtudes que se van olvidando al pasar de las generaciones. Por ejemplo, la virtud de cumplir la palabra empeñada.

¿Quién cerraría en este tiempo una negociación muy importante sin que haya un papelito firmado de por medio? Aquel que lo haga es tenido por iluso. Pero yo recuerdo que mi padre no necesitaba un papel para cerrar un negocio con una persona de su edad, bastaba con empeñar la palabra y eso era garantía de cumplimiento.

Es parte de la virtud de integridad. que designa la pureza y la grandeza de los actos y la relación armoniosa entre el cuerpo la mente y el espíritu. Una persona íntegra es recta, desinteresada y proba; su conducta, sus dichos y su pensamiento forman una unidad, su personalidad no está fragmentada, es entera y completa.

En un mundo donde los valores éticos tienden a desaparecer para ser reemplazados por la conveniencia y la oportuna fuerza del olvido. Que triste es escuchar a un político prometer y convencer con situaciones que el mismo sabe que no podra cumplir. Integridad personal se traduce según wikipedia como; honradez, honestidad, respeto por los demás, corrección, responsabilidad, control emocional, respeto por sí mismo, puntualidad, lealtad, pulcritud, disciplina, congruencia y firmeza en las acciones.

En general, una persona íntegra es alguien en quien se puede confiar.

Otra virtud olvidada es la caballerosidad, han llegado tiempos de igualdad, de paridad de género.

El hombre ya no corteja a la mujer, no cede su lugar para que se siente una madre con su hijo de brazos, un enfermo que no pueda mantenerse de pie o un anciano, se ha perdido el sentido de responsabilidad paterna aquel que motivaba al hombre a proteger a su mujer y a sus hijos más que a trabajar solo por proyectos personales, quizá por eso los nuevos matrimonios no duran.

A dónde quiera que vaya se leal, endereza tus pasos. a dónde quiera que vayas se honesto cumple lo que prometes. A dónde quiera que vayas se integro y cumple lo que prometes.

A dónde quiera que vayas protege a los más indefensos y deja huella en lo que hagas. Vive de tal manera que, cuando tus hijos piensen en justicia, cariño e integridad, piensen en ti. H. Jackson Brown

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Opinión

SE DESATÓ LA “CALENTURA” ELECTORAL

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Por: Julio César Hernández /  Entre Semana

Todo era cuestión de que termináramos de digerir las cenas de Navidad y Año Nuevo, así como la Rosca de Reyes sin necesidad de esperarnos a degustar los deliciosos tamales del día de La Candelaria -el 2 de febrero-, para que el ambiente electoral se “calentara” y los ojos de propios y extraños se posen en este proceso que lamentablemente se realiza en medio de una pandemia que parece nos ha rebasado.
Los partidos políticos, prácticamente la mayoría, has revelado ya la lista de aspirantes a ser precandidatos a uno de los muchos cargos de elección popular que se jugarán el primer domingo de junio próximo: presidentes municipales y diputados locales y federales, tanto de mayoría relativa como las llamadas plurinominales o de lista. Algunos hasta aparecen disputando dos lugares, diputados o alcaldes. Al parecer no quieren dejar pasar nada.
Algunos colegas periodistas se “pelean” hasta la “exclusividad” de haber publicado primero dichas listas de precandidatos, como si fuera una gran noticia y como si no fueran a modificarse al final del camino, cuando cada partido cumplimente el método de selección, más que de elección, de sus candidatos finales.
Nada más absurdo que eso…
El partido del gobierno estatal, Movimiento Ciudadano, ya soltó la lista de sus precandidatos a diputados y presidentes municipales, pero se ha reservado el nombre de algunos, particularmente los de la zona metropolitana, ya sea porque aún realmente no están definidos o porque no quieren revelarlos hasta que la competencia haga lo propio, aunque ya se perfilan quiénes lo serán, por ejemplo, en Guadalajara, Tlaquepaque y Tonalá, por mencionar algunos.
El partido del gobierno federal, Morena, no le encuentra la “cuadratura al círculo”, y aunque ya tiene a un delegado electoral del CEN en Jalisco, en la persona del senador José Narro Céspedes, su presencia generó más confusión que aclaración de la situación, pues reconoció como dirigente a quien está peleando su nombramiento en tribunales, luego de que la pasada dirigencia nacional morenista lo desconoció. Pero además, llegó con el discurso de la unidad en Jalisco cuando él en Zacatecas sigue peleando en contra de la designación de David Monreal como candidato a la gubernatura, cargo que él aspiraba.
En el PAN, la reciente visita de su dirigente nacional, Marko Cortés, dio algunas luces de quiénes serán sus candidatos en Guadalajara y Zapopan, y cómo será la selección de sus candidatos -muy al estilo “dedazo” priista-, para evitar mayores problemas, luego de refrendar de que aquí en Jalisco el blanquiazul “pinta su raya” con su otrora aliado partido Movimiento Ciudadano.
En el PRD, al parecer, no se han dado cuenta de que el proceso electoral ya comenzó, mientras que en otros partidos siguen en la búsqueda de quiénes quieran ser sus candidatos, colocando carteles como si fueran plazas de trabajo, en busca de incautos, perdón, de aspirantes que quieran apuntarse. Esto sucede principalmente en los nuevos partidos, que con ello demuestran que llegaron sin cuadros qué ofrecerle a la ciudadanía, y que por ello andan en busca de perfiles hasta en los terrenos deportivos y artísticos.
Así, pues, la “calentura” electoral ya está desatada, pero creo que lo más sano es que nos esperemos a conocer la lista de los verdaderos candidatos, los ya seleccionados por sus partidos, para poder medir fuerza entre ellos y tratar de analizar las posibilidades que cada uno de ellos tenga de triunfo, en base a esos candidatos.
Seguramente pronto ya estaremos hablando de candidatos, pero mientras tanto auguro que este proceso será de los más interesantes que hayamos vivido.
Y si no, al tiempo…

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Cuasi praxis democrática para tiempos electorales

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Por: Anuar López Marmolejo

G. K. Chesterton, en una de sus brillantes y múltiples novelas, El napoleón de Notting Hill, hace decir por boca de su personaje, James Barker, que en Inglaterra “En cierto sentido, somos la democracia más pura. Nos hemos convertido en un despotismo. ¿Se ha fijado en que continuamente en la historia de la democracia acaba en despotismo? La gente lo llama decadencia de la democracia, pero en realidad es su cumplimiento.”

Con la finalidad de delimitar hacia donde dirigimos nuestra práctica democrática, y no concluir en un “despotismo” como cumplimiento de la misma, es que tuve a bien enmarcar el contenido doctrinal que pretendemos llevar a la praxis.

El artículo que escribí anteriormente fue denominado “Teoría democrática para tiempos electorales”.

En el que resalta la palabra “teoría” como sinónimo de “doctrina”, entendiendo ésta como enseñanza de lo contemplado; comprendiendo que el ser humano antes de actuar, antes de ir a la praxis, delibera. Es decir, razona como el animal racional que es, según la definición aristotélica.

La praxis o práctica es el conocimiento ordenado a la acción, pero para que este conocimiento se ordene a actuar, primeramente, debe de existir. Por lo que me ha parecido correcto separar teoría y praxis, como dos líneas discursivas generales relacionadas de manera supra subordinada; sometiendo la praxis a la teoría; lo adjetivo a lo sustantivo; el cómo al qué.

Para saber si somos democráticos o qué tan democráticos somos, debemos esclarecer a qué tipo de democracia nos referimos. Porque es evidente que existen y han existido diversos tipos de democracia en el tiempo y en el espacio.

Debido a que no sería igual hablar de democracia griega, comunitaria, que se subordinaba a la categoría de valores de aquella sociedad, destacando como ejes rectores la virtud y la belleza, que hablar de la democracia resultante de la Revolución Francesa; fermentada ideológicamente -no prácticamente-, en el nominalismo, humanismo, la reforma protestante, iluminismo, la enciclopedia y el “contractualismo”, del sufragio universal, que todo lo somete a la cantidad de votos como una máquina de contar, o al democratísimo norte americano que sumado a lo anterior le agrega el destino manifiesto calvinista.

Cuasi praxis denominé al artículo presente, porque, aun conteniendo una explicación teórica, tiende a desarrollarse en la propuesta práctica de una democracia comunitaria, orgánica.

Es decir, de la deliberación y participación en la cosa pública por parte de los integrantes de una sociedad específica que imprima natural y espontáneamente su forma de vida a su forma de gobierno, sin sujetarse a un “pacto” pre elaborado por una “vanguardia lúcida” o “hegemónica”, desde un marco normativo, que le indique a los integrantes reales de una sociedad –con nombre, rostro y anhelos-, qué debe desear y como debe organizarse artificialmente.

Por lo anterior es que en el presente artículo no me sujeto a compartir los fundamentos legales, federales estatales y municipales, que contemplan la potestad de la sociedad a la toma de decisiones públicas -lo que se hará en artículos posteriores-, sino que abandonando por un momento el territorio especulativo, resaltando la importancia y necesidad de involucrarnos activamente en la sociedad civil organizada y formada por personas concretas que se conocen e interactúan entre sí, que no se resumen en el número uno, vacío e indiferente que se contabiliza en una urna en la democracia cuantitativa.

Sino que participan de la cosa pública, decidiendo a su representante de familia, de manzana, de barrio, de zona, hasta llegar a la alta esfera de la decisiones públicas que impriman el verdadero contenido de la voluntad de los miembros de esa sociedad, y que no se circunscriba al recurso retórico y falso de la “voluntad popular”, sin rostro y sin nombre, que históricamente ha sido utilizado en todo el mundo “democrático” para satisfacer interés personales y anónimos.

Los artículos posteriores -si es que llegan a ser publicados- me permitiré ir directamente a la praxis democrática propuesta.

Por el momento, considero establecidas las líneas generales una democracia más justificada que no sea fin en sí misma, sino medio para la obtención y consecución de los bienes comunicables. En particular, que tienda al logro del anhelado bien común.

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